Conversación con Beatriz Stroman sobre el Día Nacional de la Danza en Argentina

El 10 de octubre no es solo una fecha en el calendario argentino. Es un día que trae consigo la memoria de un trágico accidente aéreo en 1971 en el que nueve distinguidos bailarines del Ballet Estable del Teatro Colón perdieron la vida mientras se dirigían a un evento en el Teatro Español de Trelew. Entre ellos, Norma Fontenla y José Neglia, dos figuras emblemáticas de la danza argentina. Este hecho triste impulsó a que Argentina celebre cada año en esta fecha el Día Nacional de la Danza. Con el propósito de recordar y entender más profundamente lo que significa esta conmemoración, nos encontramos con Beatriz Stroman, una voz autorizada en el ámbito de la danza.

Beatriz, ¿por qué es esencial recordar y conmemorar el Día Nacional de la Danza?

«Creo que, más allá de recordar a nuestros queridos embajadores de la danza que trágicamente nos dejaron, es una fecha para celebrar lo que la danza representa para la sociedad y para el individuo. La danza es un lenguaje, un grito de identidad. Cuando alguien baila, está diciendo ‘aquí estoy’, pero también está contando la historia de su comunidad, su herencia y sus tradiciones. Es una forma pura y poderosa de expresión.»

¿Cómo definirías la danza?

«La danza es una experiencia sagrada, un diálogo entre el cuerpo y el espacio, y entre el pasado y el presente. No es simplemente movimiento, es también un reflejo de nuestra memoria, nuestras pasiones y nuestro ser más íntimo. Es una manera de conectarse, de compartir y de entenderse a uno mismo y al mundo.»

La danza ha sido una parte fundamental de diversas culturas a lo largo de la historia. ¿Qué puede transmitir sobre ellas?

«A través de la danza, uno puede entender y sentir la esencia de una cultura: sus rituales, sus creencias, sus momentos históricos, sus alegrías y tristezas. Cada paso y cada movimiento tiene una razón de ser, una historia detrás. La danza está intrínsecamente ligada a la cotidianidad y la esencia de los pueblos, es una manifestación de la vida misma.»

En el ámbito artístico, ¿qué consideras que aporta la danza?

«La danza no solo es una forma de arte estético, es también una forma de vida. Aporta una perspectiva diferente del mundo, una conexión con nuestro ser interno y con el universo. Y aunque no todos puedan ser bailarines profesionales, todos pueden sentir y beneficiarse del poder del movimiento. La danza nos enseña a conectarnos, a sentir, a expresarnos. Nos da equilibrio, nos permite liberarnos y, a menudo, encontrar respuestas.»

Beatriz, ¿cuál crees que es el rol de la danza en la formación de un individuo y su desarrollo personal?

«La danza, más allá de ser un arte, es una herramienta poderosa para el desarrollo integral de una persona. A nivel físico, mejora la coordinación, la flexibilidad y la fuerza. Pero lo que es aún más valioso es su impacto a nivel emocional y espiritual. A través de la danza, uno aprende a expresarse, a enfrentar miedos, a trabajar en equipo, y a desarrollar una profunda conexión con su ser interior. En cada movimiento, hay una lección de vida.»

En tu experiencia, ¿qué papel juega la danza en la sanación y recuperación de traumas?

«He sido testigo de cómo la danza puede ser terapéutica. Permite liberar emociones reprimidas, enfrentar traumas y, sobre todo, reconectar con uno mismo. El simple acto de moverse al ritmo de la música, de dejar que el cuerpo hable, puede ser increíblemente sanador. La danza brinda un espacio seguro para explorar, liberar y sanar.»

En un mundo cada vez más digital y conectado virtualmente, ¿cómo ves el futuro de la danza?

«A pesar de la creciente digitalización, la esencia de la danza permanece inmutable. Es una expresión humana que no puede ser replicada o reemplazada por máquinas. Sí, las plataformas digitales pueden ofrecer nuevas formas de enseñanza, de difusión y de apreciación de la danza, pero la experiencia real, el movimiento, la conexión, siempre será intrínsecamente humano. Veo un futuro donde la danza se adapta y evoluciona, pero siempre conservando su esencia y su poder transformador.»

¿Cómo puede la sociedad promover y proteger la danza como patrimonio cultural?

«La danza es un reflejo de nuestra historia, tradiciones y valores. Para protegerla y promoverla, es esencial que las instituciones inviertan en educación artística, en programas de apoyo a bailarines y coreógrafos, y en la creación de espacios donde la danza pueda ser apreciada. También es vital que, como sociedad, valoremos y respetemos a los artistas y a su trabajo. Cada vez que asistimos a una función, tomamos una clase o simplemente apreciamos un baile, estamos contribuyendo a mantener viva esta expresión.»

Finalmente, ¿qué mensaje te gustaría enviar a las futuras generaciones de bailarines y amantes de la danza?

«Les diría que la danza es un viaje maravilloso de autodescubrimiento y expresión. Que no tengan miedo de ser vulnerables, de explorar, de caer y levantarse. Que cada movimiento es una pincelada en el lienzo de su vida. La danza es pasión, es amor, es vida. Que bailen con el corazón, siempre.»

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio